Opinión: Pasión por la memoria escrita

No solo de datos se hace la historia, sino también de experiencias personales. El llevar un registro de nuestros cotidianos individuales es también un trabajo colectivo. Revisa la columna del escritor chileno Víctor Munita Fritis sobre este tema.

Por Víctor Munita Fritis

Durante años, he sobrellevado una enfermedad que he denominado escrituralgia o lecturitis. No tiene cura y solo se alivia arrojándose a las teclas de la computadora, a las páginas de una agenda con un lápiz cualquiera o a las palabras de otro u otra en un libro.

Arriesgarse a ella es cruzar un puente de vida y muerte; desatendiendo prejuicios eternos del mundo, los miedos propios y ajenos, las voces que te aconsejan que es mejor un salario fijo y pensar en la miserable pensión al terminar los años. Aceptar esta pasión, es ir desoyendo a la prudencia y tomar los caminos de la equivocación como una fuente inagotables de recursos para construir algo llamado obra, quizás. Hacer girar cualquier fracaso a la autopista de lo positivo, porque la escritura personal e histórica invariablemente se transforma en un acto valioso al finalizar la vida o el día, como decía Gabriela Mistral: “Después de escribir un poema, siempre tengo un día feliz”.

Dedicarse a este oficio, es una misión plausible y meritoria, requiere una gran determinación y generosidad, sobre todo grandeza de quienes están cerca para comprender esta ocupación tan extraña como la de “escritor/a”. Aunque es tan loable como otros oficios que nos hacen la vida más cómoda y grata -como la de un recolector de basura, un perforista de calles o un maestro escuela- y tantas labores, misiones y empleos que poseen tiempos distintos y que no son ni mejor ni peor, solo un encuentro diferente con la existencia.

Los que nos dedicamos a esto, vamos por ahí muchas veces sintiéndonos inútiles e ignorados, pero despiertos para levantar los sueños y el futuro de los pueblos, porque la historia de las personas no solo se hace desde las ciencias y la política, también puede ser contada desde el verso -que también es ciencia y política- una rica fuente para la memoria y el mejor ejemplo es la frase del poeta Raúl Zurita: “Chile antes de ser un país, fue un poema”, aludiendo a La Araucana de Alonso de Ercilla y Zúñiga y/o Cautiverio Feliz de Núñez de Pineda.

Vale recordar, que gran parte de la historiografía americana y europea, están escritas en verso, la cual permite una interpretación mayor que la ceñida escritura de las Cs. Sociales, aun cuando son perfectamente complementarias y hermanables.

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