El día en que el gobierno mexicano hizo retornar a Quetzalcóatl para entregar regalos

Un día Quetzacóatl retornó a la vida mexicana y pese a sus grandes poderes que le hacían una de las deidades más importantes de mesoamérica, solo regresó para entregar regalos navideños. Un hecho inédito que propició el Gobierno mexicano y que recordamos en la víspera de la visita de los reyes magos con la siguiente crónica. 

Por: Abigaíl Miranda.

Comenzamos un nuevo año. Estamos por terminar una década más y no estamos tan lejos de las festividades decembrinas que a lo largo de ya muchos años hemos venido celebrando. La navidad y sus creencias recorren a casi todo el mundo desde sus costumbres más paganas que han terminado siendo parte de nuestro folclor.

Pero ¿Qué pasaría si de repente el gobierno en turno quisiera alejar de ti la idea sobre Santa Claus y los Santos Reyes Magos? 

En 1930, diez años después de haber llegado la creencia del mítico Santa Claus al país, el gobierno de Pascual Ortíz Rubio (1930-1932), quiso sustituir al hombre de barba blanca por la figura mesoamericana del dios Quetazalcóatl, el próposito era desarrollar en la niñez amor por su patria y conocimiento de su historia.

El subsecretario de educación pública, Carlos Trejo y Lerdo de Tejada en una nota emitida en noviembre del mismo año, señaló que a través de la educación y formación nacionalista, se pretendía acabar con la imagen de Santa Claus (que aún no estaba tan arraigado en el país), y generar en la sociedad mexicana el amor por la deidad prehispánica. Esta era una idea que el presidente Ortíz Rubio había aprobado del todo.

El 23 de diciembre de 1930, en el entonces Auditorio Nacional se dio el escenario en el que «Quetzalcóatl» entregó juguetes a los niños de escasos recursos. La escenografía contaba con la representación de una pirámide, estrellas, sacerdotes, tehuanas, indígenas y la serpiente emplumada vestida en cuero con su penacho de plumas de quetzal;  al mismo tiempo todo el lugar se decoraba con árboles navideños adornados con luces de colores y bandas patrióticas de guerra y, como fondo musical, se repetía una y otra vez el Himno Nacional.

La Lotería Nacional, tiempo antes había otorgado su premio máximo de 600 mil pesos en honor a Quetzalcóatl y en las escuelas rurales de todo el país se había instruido a los niños sobre el mito del mismo; para que, llegado el momento, toda la juventud adoptara a este dios como parte del acervo cultural.

Sin embargo, este dios mesoamericano no fue bien visto por la sociedad católica y política, pues suponían una falta de respeto a las creencias y un sumo acto nacionalista. Llegaban a decir, en forma de ofensa si «Ahora tenía que acostarse a Quetzalcóatl en el pesebre de Belén y rezarsele en nahúatl». Fueron muy pocos los que salieron a su defensa y otros tantos que acusaban al dios como una figura extranjera que, además, tenía un aspecto fuerte para ser el repartidor de juguetes y dulces a los niños «¿Qué pensarías si una serpiente entrara a tu casa a dejar regalos?»

Finalmente la idea del Quetzalcóatl de la navidad no prosperó teniendo sólo debut y despedida. Fue una figura que no pudo prosperar en las creencias del pueblo mexicano.

 

 

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