La desigualdad de género en la pandemia: lo que no se nombra, no existe

En la siguiente columna se aborda la desigualdad de género que se acentúa con la cuarentena. Diferencias evidentes entre los roles y responsabilidades que muchas mujeres deben mantener en su aislamiento y que provocan una serie de situaciones más exigentes del cotidiano. «Son las mujeres quienes cargan mayormente con los cuidados dentro del grupo familiar tanto de niños, niñas y adolescentes, como adultos mayores, lo cual aumenta nuevamente el estrés propio del contexto social», nos dice la psicóloga Constanza Ossandón. 

Por Constanza Ossandón, psicóloga

A nadie le es indiferente lo dura que ha sido la pandemia por COVID-19 este año 2020 a nivel mundial, como ha afectado nuestras rutinas, nuestros hogares o nuestra economía, resaltando las desigualdades existentes en el mundo y en Chile, donde ya desde el 18 de octubre gritábamos con fuerza la inconformidad con el orden social impuesto.

El gobierno, una vez más ineficiente e incapaz de actuar en favor de la ciudadanía ha tomado acciones que no se ajustan a la realidad chilena, orientando sus medidas preventivas a la conciencia moral de cada individuo, al sentido de pertenencia a la comunidad y a la solidaridad familiar. No obstante la abismante desigualdad económica existente en nuestro país, ha diluido el sentimiento de pertenencia a la sociedad, generando dos tipos de conciencia moral en ésta, en donde en las clases acomodadas prima el egoísmo y la sensación de impunidad frente a la pandemia, y en las más desfavorecidas prima la necesidad de mantener económicamente al grupo familiar, por sobre el cuidado o autocuidado a la salud, impidiendo así la efectividad de las medidas del decretadas por Piñera y compañía.

Lo anterior, ha hecho que la política preventiva del COVID-19 se convierta en un circo mediático donde los representantes de este gobierno se observan medidas arbitrarias y en base a la mera contingencia mediátical dando información errónea, como Karla Rubilar señalando que quienes se contagian quedan “inmunes” al virus, dividiendo el poder ejecutivo entre el gobierno y algunas municipalidades, que al encontrarse más cercanas a la comunidad y tener mayor comprensión de la realidad país, han enfrentado de manera desafiante la incompetencia evidenciada por el gobierno en pro de salvaguardar la salud de su comunidad. No obstante no ha sido suficiente.

Y es que claro, la ineficacia del actual gobierno ha permitido el aumento descontrolado del contagio por COVID-19 en nuestra sociedad.  Sin embargo, no solo las deficientes políticas en salud son las que ponen en riesgo la integridad de las chilenas durante la pandemia, sino también la violencia que se sigue ejerciendo desde el estado y la sociedad hacia las mujeres en contexto de COVID-19.

Lo anterior, ha desencadenado el despliegue de esfuerzos por el Ministerio de la mujer y equidad de género que buscan revertir dicha situación, sin embargo considerando la larga data de ineficiencia en la protección hacia la vida de las mujeres; el contexto familiar chileno ha favorecido el aumento de la violencia hacia la mujer en cuarentena, toda vez que prima la existencia en nuestra sociedad de una cultura patriarcal, aunada al paradigma del amor romántico, he infancias heridas que han repercutido en la forma que nos relacionamos los adultos chilenos, lo que sumado al contexto de estrés propio de la pandemia y el encierro preventivo u obligatorio según la comuna, ha expuesto a mujeres, niñas, niños y adolescentes a la violencia física y psicológica, aumentando un 70% las denuncias recibidas por dicha entidad.

Por otro lado, dentro del contexto de pandemia, son las mujeres quienes cargan mayormente con los cuidados dentro del grupo familiar tanto de niños, niñas y adolescentes, como adultos mayores, lo cual aumenta nuevamente el estrés propio del contexto social dentro del domicilio para quienes se encuentran insertas en el mundo laboral, el cual no ha contado con lineamientos que favorezcan las tareas de cuidado a otros, evidenciando políticas ineficientes en cuanto a la situación de mujeres jefas de hogar, a través de la descoordinación de la dirección del trabajo, el ministerio de salud y el ministerio de educación.

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Y es que en la misma línea, es importante destacar como la dirección del trabajo no ha sido capaz de direccionar instrucciones que definan los lineamientos mínimos para el ejercicio laboral de mujeres embarazadas, siendo su principal sugerencia el optar a licencias médicas que permitan realizar cuarentena preventiva, visualizando el embarazo como una patología y desligándose de la responsabilidad de trazar directrices para prevenir el contagio de este grupo, en función a las desconocidas consecuencias que podría tener el virus en el largo plazo, toda vez que aun cuando éstas visualizaran pertinente solicitar una licencia que resguarde su integridad y la de sus hijos, no todas las mujeres pueden darse el lujo de dicha licencia, considerando las distintas variables existentes al pago de licencias médicas, como tiempo de contrato, existencia o no de éste, etc, que ponen en riesgo el ingreso económico de las mujeres, aumentando el estrés si además se constituyen como jefas de hogar.

Aunado a lo anterior, el observatorio de la violencia obstétrica, acusa un aumento de esta en contexto de pandemia para las mujeres en trabajo de parto y puérperas, poniendo sobre la mesa el debate de nuevamente llevar el parto hacia el contexto íntimo del domicilio, a fin de despejar hospitales y prevenir esta violencia cuando no existan complicaciones dentro del embarazo, toda vez que el estrés que pueda generar lo anterior en embarazadas puede influir de manera negativa en el desarrollo de los nonatos en gestación.

Asimismo, la urgencia de focalizar el personal, además de las condiciones preventivas para el contagio de COVID-19, pueden aumentar los niveles de estrés en el parto, generando el aumento de las cesáreas y riesgos durante el parto propiamente tal.

Y es que enfrentarnos a esta pandemia, como sociedad chilena ha sido complejo entendiendo las desigualdades existentes a raíz del modelo económico, no obstante, debido a la cultura machista y patriarcal en la que nos desenvolvemos las mujeres chilenas, vemos como los avances obtenidos en la sociedad retroceden frente a la crisis, señalando que existe un interés superior mayor que posterga nuestra seguridad social y reproductiva.

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