Conversación: Ulises Paniagua, lo permanente de la palabra

Una conversación y una aproximación al mundo del poeta Ulises Paniagua. Este destacado autor nacido en Ciudad de México el año 1976 se dio un espacio para compartir con Oswaldo Ginanelli de Tierra Culta durante este período de pandemia. «Imagino el hábitat de Ulises: paredes iluminadas, algunas plantas y suficientes libros como para alimentar la hoguera de la palabra. La palabra que arde y deja huella en algo tan negro como el universo», nos cuenta Gianelli en la siguiente conversación convertida en crónica.

Y el silencio nos revela

el secreto que no queríamos escuchar”

Jorge Teillier

Por Oswaldo Gianelli 

I

En el epistolario de Anna Ajmatova existe una carta dirigida a Boris Pasternak, fechada el 28 de abril de 1929. El comienzo parecería no ser ajeno al 28 de abril pasado: «Es primavera pero no se puede salir a caminar ni visitar amigos…”

            En provincia las lluvias de primavera han sido escasas, el jardín luce pálido, me siento frente a una mesa que está bajo el pino más alto. Situados todos en medio de una crisis sanitaria, el campo parece un paraíso. Son tiempos para conversar, lo cotidiano se respira más profundo. Se contempla, ahora, desde la lejanía.

Imagino el hábitat de Ulises: paredes iluminadas, algunas plantas y suficientes libros como para alimentar la hoguera de la palabra. La palabra que arde y deja huella en algo tan negro como el universo.

Son las 5 de la tarde en punto. En el celular, ingreso el nombre del contacto: Ulises Paniagua y hago un click en el ícono de llamada. Suena el tono que ya todos conocemos. Un LA mayor que inicia la conexión entre unos con otros. La distancia parece un mal invento salido de 1984.

Del otro lado de la línea, una voz serena y amable responde el llamado, me saluda. Hay un intercambio de palabras amables. Estoy nervioso, trato de disimular. Como si fuese el tema más urgente que tratar, Ulises y yo hablamos unos pocos minutos sobre la pandemia. Él se muestra preocupado, habla de los privilegios de los que gozamos algunos para poder estar en confinamiento obligatorio.

La charla fluye. El aislamiento se mira como «una oportunidad para leer lo que no se había leído, para repasar viejas lecturas y enfrentarlas con una nueva cara«Luego, hay un silencio. “Trato de aprovechar el tiempo para revisar mis textos. Me resulta productiva la cuarentena, lo suficiente”, dice al auricular. Le escucho y pienso en Milton.

            Primera nota:

            En el ensayo “Poesía cerrada y poesía abierta” de Juan Ramón Jiménez, para la Revista General de la Universidad de Puerto Rico “La Torre, 1953, se nos describe al poeta como un ser con anjel y duende: “Duende es el secreto; anjel, gracia”. Es entonces cuando al escuchar a Ulises y al recordar algunos de los versos de su libro “Lo tan negro que respira el Universo” Pienso: Al duende le gusta lo natural.  Hallarse en un espacio elemental como lo es el universo entero, como una unidad que se mueve en conjunto con otras, para hablar de ciertas particularidades nos da cierta autenticidad. Al poeta auténtico lo encuentro hablándome al oído.

II

Ulises es autor de títulos como Clandestinos y nocturnos (2014), Mientras nos queden labios con qué cantar (2016) y Tercia Estudio. Ha sido traducido al inglés e italiano.

Nuestra charla fija un rumbo hacia lo social. No nos es ajeno el sufrimiento de las personas que carecen de oportunidades.

Una de las revueltas sociales de más impacto en Latinoamérica en los últimos meses, se dio en Chile.

Ulises, habla de Luis Sepúlveda, escritor originario del país azul, de su muerte, consecuencia del virus que nos acecha y de cómo se pierde una importante voz literaria. Yo, le pregunto por las generaciones que se van y las que vienen. «Mueren los viejos que abrieron puertas y ventanas en la literatura, para que las nuevas generaciones hagan su intento. Algunos quedarán en el camino, algunos otros, levantarán el puño», me cuenta.

Amparo Dávila es la referencia. Rápidamente y con emoción, le pregunto si la conoció. Su respuesta es negativa. «Amparo era muy reservada y no muy afecta a las entrevistas. Creo que apenas se le ha dado la importancia que merece su trabajo en México. Es súmamente lamentable su pérdida», me expresa.

Ulises no cree en las generaciones porque piensa que son un producto de lamentalidad capitalista, como si lo anterior no sirviera: como si Platón, o Sócrates no estuvieran vigentes todavía.

III

Ganador del premio internacional de cuento de la fundación Gabriel García Márquez, con “EL año de los Cerdos”  nos cuenta con alegría y a la vez, algo de miedo acerca de la reseña que Alberto Chimal hace de él en su columna “El cuento del mes” y que cito textual:

“Ulises Paniagua es un narrador mexicano que debe estar entre los secretos mejor guardados de su generación”

Algo en mí tiembla también. Las últimas palabras de la cita me parecen un tanto, aterradoras. Sin perder el aliento, Ulises continúa con la charla haciendo gala de su conocimiento en historia de la literatura. Dice: «nadie sabe quién ganó el concurso donde participó Sor Juana Inés de la Cruz y en el que ella quedó en segundo lugar. A eso nos referimos con la permanencia de la obra. Nadie puede asegurar su paso a la posteridad». Tajantemente suelto una frase que leí en la columna de Avelina Lésper: lo virtual desaparece. Del otro lado de la línea se escucha un sí.

Aprovecho para preguntarle sobre lo que está escribiendo:

-Es un poemario con postura política personal ante las situaciones que me identifican como un ser humano común y corriente que se confronta existencialmente ante un mundo que parece devorarlo todo.

Hablando de existencialismo, no reparo en hacer mención de “La literatura comprometida y Jean Paul Sartre” (UANL, 2018) de Héctor Iván González, amigo en común. Sobre el libro, comenta:

-Creo que es uno de los trabajos sobre Sartre mejor hechos en México y sobre todo, hecho con inteligencia. También creo que Héctor es un excelente lector y por consecuencia,  un gran escritor.

En el poemario “Lo tan negro que respira el universo” utiliza el lenguaje para profundizar en la relación que existe entre la física cuántica y la poesía. Es un experimento sensitivo, teatral. Artaud, sonríe desde donde esté. Con esto argumenta: «el cine vino a refrescar un poco la literatura».

Como ejercicio obligatorio le pregunto sobre escritores importantes para él. Con una respuesta inteligente, revierte la pregunta, ¿de qué época? Ambos reímos un poco y comienza después a enumerar y a explicarme brevemente por qué.

Wislawa Szymborska, por la humildad con la que aborda el cotidiano. Así como Ming Di.Obligatoriamente,Huidobro, a Saúl Ibargoyen, (de quien fue alumno) y sus “Numeraciones caóticas”, por supuesto, no falta Allen Ginsberg con  “Aullido”. Otro portal se abre: la locura. El inicio de uno de los más célebres libros que se publicaron de la generación Beat nos conduce irremediablemente a charlar sobre cómo la locura se relaciona con ciertos ejemplares de la burocracia cultural de México.

-Paz enloqueció de poder. No olvidemos lo que hizo con Elena Garro. Patricia Rosas recopila mucha información sobre Elena. Cuenta que tenía que quemar sus poemas para que Paz no sollozara por su casa. ¡Sollozar por su casa!, ¿te imaginas? Está, también, el testimonio de su hija.

Es cuando me viene a la cabeza preguntarle sobre la libertad. Hay una pausa, después, como luz al final del túnel, llega la respuesta:Es una batalla eterna.

Es claro el mensaje.

Hay otra pausa, aprovecho para mirar los árboles que parecen ser un público increíblemente atento. El cielo se comienza a poblar de enormes y fantásticas nubes.

Nota: hablando de fantasía.

 En su libro “La bitácora del eterno navegante” publicado por Abismos Editorial, hay en la narración, una búsqueda y un reencuentro con el imaginario propio. Un almirante viaja a través del tiempo y goza de encuentros con Calipso, visita el faro de Alejandría, una isla de licántropos, etcétera. De este libro, prepara una segunda parte.


Para finalizar, le pido tres recomendaciones literarias para leer durante el confinamiento. Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, Siete pecados capitales, deInora Pavick, y el ensayo de Virginie Despentes, Teoría King Kong .

Nos despedimos después de otro intercambio de palabras amables. Ulises es ese escritor que sonríe generosamente. Nos deseamos suerte, la necesitamos durante el confinamiento.

Un último adiós.

Miro el celular, marca las 6:20 pm.

Sonrío. Me llega un recuerdo muy vintage: Radio seisveinte. La música que llegó para quedarse”. ⇐

Otras notas:

            1

            La llamada fue grabada para archivo sonoro.

            2

            Una noche después, un apagón general en la zona Saucillo- San José, me echa a perder el avance en el texto anterior y se pierde la grabación.

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