Cuando todos hablen: un poema de América Femat Viveros

En nuestra sección de literatura queremos destacar piezas poéticas de autoras de México, y comenzamos por una autora nacida en Tizayuca, ella nos compartió su trabajo para leer en Tierra Culta.

América Femat Viveros nació en 1984), es escritora, poeta, editora y promotora cultural. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, dentro del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA), categoría Jóvenes creadores (2017), con el proyecto: “La Espiral del Peregrino”.

Parte de su trabajo poético está citado en el libro “Romper con la Palabra. Violencia de Género en la Obra de 100 Escritoras Mexicanas” (Editorial Eon, 2018). Hoy también Dirige el proyecto cultural y editorial Cipselas.

Autora de los poemarios “Atisbo” (2019), “Irrupción” (2018), “Muestra poética, América Femat” en la revista chilena Mal de Ojo: Biblioteca Virtual (2016) e «Inexorable» (2015) nos comparte los siguentes poemas:

LE MAT 0

 

El atolladero se partía en gajos, dejaba suelto su jugo justo en el abismo, parecía el jugo amargo de unas naranjas fuera de temporada. Corrían ríos de pájaros por los pasillos, se incorporaban uno a uno hasta hacerse hombres y mujeres. Erguidos se saludaban y acordaban el día y la hora que habría de suceder. Todo estaba dispuesto, a menos que alguien cambiara de dirección; entonces, no sería necesario encontrarse del otro lado.

La multitud partía (jamás los ríos pensarían en detenerse).

Yo crucé después,  tenía impaciencia pero mi estrella me había indicado que tenía que esperar; casi lo había olvidado todo.

Cuando por fin me tocó salir dude por un segundo si sería lo bastante fuerte como para exhalar y así vivir una vida.

¿De dónde podría reunir toda esa energía en mi  primera exhalación?

Después de toda esa divagación y casi sin aliento comencé a sentir las paredes que me rodeaban, comprendí que esto era un encierro; casi el mismo que ahora vivo en silencio, fue cuando comencé a girar dando golpes y patadas.

Por ratos pensé que el no querer una vida normal sería ambicioso, cuando logré salir los ríos se habían secado. Una sed expuesta me invadía, me había abandonado hacia donde confluyen los ríos. Creo que por eso logré atrapar tantísimo aire en mis pulmones. Pude llorar, desperté en una piel que podía mirarlo todo. ¿Quién era yo? Sino El Loco.

 

 

LE BATELEUR 1

 

El no espacio y el no tiempo los ha enseñado aquel loco, hoy los toma mi maestro, un viejo sabio que juega a mimetizarse con sus labores diarias. Un deseo me pide que lo encuentre, luego lo realice, me dice que me haga de hábitos en la rutina; y no soy el genio de la lámpara. Y ante ésta sustancia de luz atemporal me inscribo en mí y en mi no mundo. Aprendo hablar el lenguaje de las cosas útiles que no repiten el acertijo de la rosa de los vientos. El cuadro que cargo al infinito son también elementos sutiles de mi cuerpo.

Estoy de pie, me salpica un sueño con su varita, pero el conejo no se asoma por el sombrero del infinito. El mundo padece de una sed de siglos, mi voluntad sueña con envejecer completa e infinitamente de pie. Sueño con llegar a mi norte, entremezclarme con el campo, arder como fruto en el corazón de una higuera, que las aves y sus crías repitan mi nombre frente a las ventanas de un hogar.

 

 

 LA PAPESSE 2

 

Celosamente, amorosamente, sabiamente; guardo la pandora del tiempo,  es ciencia de norte a sur, de sur a norte, de este a oeste, de oeste a este. Me resguarda el brillo lunar, su ocultamiento no es oscuridad para mí. Soy el manto celeste de mi liquidez sembrada e inoculada;  la fruta que madura por dentro. Es mi fuerza la sabiduría de todos los tiempos. Juana fue mi nombre, pero muchos lo olvidaron. Mi conocimiento fue motivo de vergüenza.

No soy trapecista y sin embargo conozco bien las leyes. El día y la noche son mis columnas, y así estoy completa, en mi interior mi mente es perfecta, no sé porque esperas que en la vida yo eclosione y tú me salves.

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