Juan Carlos & Black Hat: crónica del otro lado de la canción

I, even I know the solution
Love, music, wine and revolution
Love, love, love music, wine and revolution

The Magnetic Fields

 

Por Oswaldo Gianelli

Hablar del rock mexicano, faltando Rodrigo (Rockdrigo) González, lo siento una afrenta no sólo contra el legado del cantautor, sino también, siento la deuda que es el no repasar a grandes exponentes del género a lo largo de la historia del mismo.

En la estación del metro Balderas, era una de esas canciones que de adolescente en plena rebelión, se escuchaban hace unos años en algunas de las casas de los amigos que nos juntábamos en el jardín principal del municipio, para tocar guitarra, patinar y fumar cigarrillos que compartíamos mientras renegábamos de la vida y de los adultos. 2007.

A Juan Carlos le conocí en persona justamente a principios de febrero del 2017 (diez años después de la época de rebeldía), en Coyoacán, CDMX. En aquella ocasión nos encontramos con otros grandes artistas: la fotógrafa Abby Brown, el poeta Rodolfo Naró y el actor Emilio Caballero. Raquel, la manager que acompañaba a Juan Carlos en ese entonces, también hizo acto de presencia. Nos vimos todos a un lado de la fuente de los coyotes y de ahí partimos a un restaurante, charlamos e hicimos migas.

Poco después, la presentación estelar de un concierto acústico en el casino cultural de Huichapan. Pasaron los meses, más lanzamientos y éxitos notables en su carrera.

Fue hasta el mes de Noviembre del 2017 que en el Instituto Huichapense de Cultura, a las 6 de la tarde, los acordes de la guitarra de Juan Carlos comenzaron a sonar. Un concierto a la luz de las velas.

Será la espera / será el olvido / serán los versos que aún te escribo, cantaba. Más luces de velas se encendían. El foro se iluminó de un color amarillo cálido, el concierto duró casi dos horas.

 

16 de febrero 2021

A las dos de la tarde, Magda, la manager actual de Juan Carlos ingresó a la videollamada vía Zoom. Se escucharon ruidos de puertas, pasos. La pantalla negra. Al abrir su cámara comenzamos a charlar un poco. Nos “conocimos” finalmente después de casi dos años de intentar gestionar de nuevo un concierto en el municipio. Hablamos poco, puntual. Juan Carlos ingresó a la llamada con la cámara encendida, siempre con su sonrisa amable y sincera. Nos saludamos, reímos entre los tres y de pronto, un poco de seriedad me invadió. Magda tuvo que retirarse, Juan Carlos y yo nos quedamos navegando en la red. (Pensé mucho en la conexión a internet, la estabilidad dependía de la intensidad del viento, entre más arreciara, más posibilidad de perder la conexión existía). Y a pesar de las condiciones, la charla se extendió por dos horas.

A mí me gusta el cara a cara, estar en persona. Ahora enfrentando el tema de la pandemia, y con un lanzamiento y con las ganas de comunicárselo al público, me ha gustado mucho estar en redes, por que pudimos hacer cosas que se sienten un poquito más cercanas. Una de ellas, por dar un ejemplo y no nada más de estar hablando de forma abstracta, al final del año pasado salió “Cuando los vea desde arriba” y lanzamos junto al sencillo un filtro de Instagram, le pedimos a la gente que sigue el proyecto que usara el filtro que te mete a la portada y además tiene las mismas características visuales de la misma y pedimos que nos las mandaran, las compilamos en un video y lo sacamos como el representativo de la canción en Spotify.

Pero hablar ya en sí del proceso creativo de la canción “Cuando los vea desde arriba” fue más un mano a mano a contarnos de manera mutua nuestras experiencias. Desde los extremos emocionales de la creatividad, fijamos un punto medio, de encuentro e introspección. Por un lado está la genialidad de Dylan y la paciencia de Cohen. Y claro, escribir una canción podría parecer sencillo para mí, que escribo poesía, pero incluso la misma poesía lleva un tiempo para cocinarse, un proceso contemplativo. La complejidad que representa (al menos para mí) la composición de melodías, adaptarlas a la musicalidad de los versos, del mismo lenguaje, tiene en sí un increíble ir y venir a través de sensaciones, fluir entre los acordes que se forman a lo largo del mástil y los trastes de la guitarra. Miro de lejos y parece que las manos del músico tocando la guitarra dibujan grecas que se acercan a un origen que aún no comprendemos del todo.

Yo siento que “Cuando los vea desde arriba” está en un papel transicional para mí,  por un lado termina de ponerle ese rock and roll con el que toqué “Princesa” de Joaquín Sabina. “Cuando los vea desde arriba” siento que es la mejor expresión de ese tipo de rock and roll. Y obviamente, al llegar a ese momento, lo que sigue es, (preguntarse) ¿y ahora?

Leer la odisea otra vez.

Hablar de literatura en la música es repasar miles de canciones y géneros: la trova, el rock, el blues, el folk. Uno de los textos que brinda respuestas a Juan Carlos, es ese que mencioné antes. Cada que la abro realmente siento que me canta, que tiene algo que decir acerca de mi vida, y no sé si es que una historia arquetípica al final en la del individuo que llega a una especie de cima como fue el saqueo de Troya y el más brillante de los héroes de la guerra de Troya es precisamente el que se pierde catorce años en el mar. Y yo he sentido que de alguna manera el arco de mi vida fue un ascenso, ascenso, ascenso, cada día mejor, triunfo sobre triunfo, sobre triunfo, en eso cumplo 21 años, salgo de la universidad y de la cómoda estructura escolar en donde lo único que tienes que hacer es seguir los pasitos y vas para arriba; y (de pronto) me fui hasta el piso y me perdí por completo, perdí mi identidad y sentí que el mar me tragaba como traga prácticamente a Odiseo.

Y es cierto, los libros de vez en cuando susurran y de vez en cuando cantan. Leer es mirar de una manera diferente al tiempo, una batalla de pronto, masticar y tragar el lenguaje.

El español es un idioma de vocales muy abiertas, el inglés no, entonces es mucho más fácil hablarlo como “bluseando” que intentar “blusear” en español.

El lenguaje forma parte de la identidad, los puntos medios los desconozco, aunque imagino que en ocasiones hay un desprendimiento que sitúa a Juan Carlos en un punto álgido en el que se desenvuelve como cantautor arriba de un escenario.

Cuando me ven tocar, suelen pensar “WOW, tú no eres así, ¿de dónde saliste? Porque soy bastante privado y no suelo llamar la atención en mi vida normal, y cuando estoy en el escenario, al revés, me encanta que me posea la adrenalina y la energía de estar ahí, y que me obligue a moverme y me obligue a exteriorizar todo y que hasta mi lenguaje corporal exprese eso. Ocurre de manera muy automática, no hay mediación de nada.

Ese todo que rodea la vida artística de Juan Carlos, se resume a un espacio personal, a actividades tan simples: sacar una silla al jardín y leer, compartir con amigos y familia, la pandemia me ha ayudado a tener ese enfoque hacia mi trabajo, aunque el 20% de ese trabajo sea crear algo y el 80% restante sea decirle al público “Vean lo que cree”.

En medio de una crisis sanitaria a nivel mundial, y de la complejidad social, cultural, política y económica que represent; el arte y la cultura tienen un papel fundamental en el desarrollo y continuidad de la sociedad. En Spotify, “Cuando los vea desde arriba” va en camino a ser una de las canciones más escuchadas, el lanzamiento en YouTube fue un éxito rotundo.

Hay un “Lado B”, Juan Carlos abrió la puerta de su hogar de manera virtual y nos brindó la oportunidad de compartir no solamente una larga y constructiva charla acerca de su trabajo musical, después de cerrar la entrevista, de guardar los audios y de compartir algunos chistes malos sobre las repentinas fallas de la tecnología, hablamos más de literatura y de una novela que quizá aún no existe. Pero eso, (como dicen por ahí) eso ya es otra historia.

 

Para revisar más contenido de Juan Carlos, pueden visitar:

https://www.jcblackhat.com/

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