Opinión: Negar el COVID es negar la crisis climática 

Mientras avanzan las voces que niegan los avances de la ciencia, refutan el conocimiento con datos falsos y existe una creciente oleada de religiosidad que se basa en dogmas y no evidencias, es que la pandemia nos invita a reflexionar sobre nuestro lugar en el planeta: El COVID 19 nos recuerda que somos seres vivos vulnerables a enfermedades biológicas. «se nos presenta un relato de una humanidad cyborg, diferente de los ecosistemas, entonces la posibilidad de ser afectados por la naturaleza queda excluida. Nos sentimos más allá de la ecología, como si no fuéramos organismos biológicos susceptibles a ser afectados por algo tan elemental como un virus». 

Por David Ortiz Zepeda, periodista y escritor

“En resumen, este insidioso virus nos ha recordado que no somos dioses soberanos sino criaturas ineludiblemente interdependientes y ecodependientes”.

 Beth Daley, editora del medio de comunicación TheConversation.

Es común encontrarse con personas que dicen abiertamente que la pandemia es una conspiración, que es una farsa y que no creen nada a la ciencia. Para validar su punto utilizan fuentes que muchas veces hacen uso de datos falsos, erróneos o que conectan elementos sin relación generando falacias.  Personas que pululan en YouTube generan o se hacen parte de un relato negacionista sobre las enfermadas viral, y aún más: relativiza el conocimiento científico, y con ello es suficiente para creer y aceptar una verdad. 

En todos los relatos conspiranoicos se presentan un bando de los malos en contraposición a un bando de las víctimas (que serían los buenos). Esto es conocido como maniqueísmo y es propio de las religiones, sobre todo las de la matriz judeocristiana donde nos encontramos, en donde seres de luz y seres de oscuridad se disputan nuestros cuerpos y voluntades. Entonces, cuando escuchamos argumentaciones en torno a la pandemia como conspiración, en el fondo estamos visualizando una lógica creyente, de fe y arrojo a una verdad total.

Para analizar un poco más este punto, creo que debemos localizar algunos problemas: En primer lugar, que la educación en general y la educación científica en particular, no son lo suficientemente efectiva para desarrollar una formación que permita tener un criterio de análisis mayor. Es común ver personas que toman una postura de incredulidad ante los argumentos científicos, porque en realidad son una materia ajena. En cambio, ante una narrativa de buenos y malos, donde el binarismo es comprensible, es más fácil tomar esta última postura. 

Se plantea todo en términos de maldad o bondad, y muy poco se habla de las situaciones materiales y con evidencia del asunto. Centrar todo en voluntades buenas y malas de la humanidad, nos hace olvidar lo que está más allá de esas valoraciones y que es la evidencia. Muy poco sobre lo que efectivamente es la naturaleza, y nuestra condición de seres vivos (como cualquier otro) en un ecosistema terrestre.

Crisis Climática y crisis de razón 

Por otro lado, una cultura neoliberal, tiene asociado un metarrelato del desarrollo perpetuo. Los humanos nos servimos de la naturaleza, y estamos cada vez más alejados de ella. La búsqueda de un crecimiento económico constante es primordial. Este modelo económico, que extrae todos los recursos posibles y basa en el consumo excesivo toda la economía, nos pone en oposición a la naturaleza. La naturaleza no es más que un objeto que debemos tomar para saciar la enorme demanda de deseos de la población. Algo que lógicamente tiene un límite. Ningún sistema puede crecer eternamente sin desbalancear las condiciones para su existencia. Pero para ello, se nos presenta un relato de una humanidad cyborg, diferente de los ecosistemas, entonces la posibilidad de ser afectados por la naturaleza queda excluida. Nos sentimos más allá de la ecología, como si no fuéramos organismos biológicos susceptibles a ser afectados por algo tan elemental como un virus. 

Reforzaré este punto con otro ejemplo de binarismo y creencia: el Proyecto HAARP (High Frequency Advanced Auroral Research Project). ¿Recuerdan que se acusaba a las naciones más fuertes del mundo estaban lanzando rayos a la atmósfera para provocar huracanes, monsones, sequías o lo que se les antojara? Ahí también funciona algo muy parecido a este neologismo de la: “Plandemia», que sería como el “plan de la pandemia”. Estas teorías son sumamente populares. Hoy se dice lo mismo con el 5G, el cual usen tema central en la disputa por la hegemonía de los medios de control y producción, debemos entenderlo desde una mirada económica y política, que requiere estar atentos, pero no reducirlo a que “hay una conspiración de un grupo de malvados”. 

Si nos ponemos a analizar desde una óptica de sistema, buscando relacionar fenómenos al alcance de todos, en la prensa y en nuestro entorno; podemos encontrar algunas respuestas a este nuevo coronavirus que nos afecta. Ahí el deterioro del ecosistema, nos debe hacer tomar alertas, porque influye directamente en la baja de nuestra calidad de vida. Un ejemplo de ello es lo que indicó un estudio de un grupo de científicos de la Universidad de Génova, en Italia, quienes relacionaron el aumento de casos de rinitis en diversos países, la permanencia del polen en tiempos cada vez más extensos. Esto se provoca directamente por el aumento de la temperatura del planeta. No olvidemos que en los últimos años, el verano se ha extendido hasta en cuarenta días. 

Si volvemos al punto de la pandemia, debemos tener siempre presente que el cambio climático y destrucción de los ecosistemas genera la liberación de patógenos. En la zona de Siberia, en Rusia, se dio un brote de una enfermedad conocida como carbunco  y más contemporáneamente como ántrax. Rusia estuvo 75 años sin presencia de un brote de esta letal enfermedad que usualmente ataca sólo al ganado. ¿Qué ocurrió? Que una ola de calor derritió el permafrost (suelo congelado), y de allí se liberaron ejemplares de la bacteria Bacillus anthraci, que llevaban cientos de años congeladas. Otro patógeno que se libera por el mismo origen: el deterioro de nuestro ecosistema. 

Pienso que todo aprovechamiento político y discursivo de este fenómeno, está más bien asociado a intentar conservar un sistema que deteriora abiertamente el ecosistema y por ende nuestro sistema de vida. Negar la pandemia del coronavirus, es negar que estamos deteriorando el ecosistema que nos sustenta. Somos vulnerables a este desbalance de las fuerzas; es negar la crisis climática en la que estamos inmersos. 

Noticia sobre el antrax: https://bbc.in/2LrhR4c

Noticia sobre alergias: https://bbc.in/3nkrG1p

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