POESÍA| Vicente Rivera Plaza, autor de «Relave»: Tendemos a ver la tierra y la piedra como algo muerto, y por eso se ve como algo sin relevancia

En medio de las discusiones en torno al modelo económico de Chile, que basa su producción en el extractivismo, surge desde el norte chileno un acercamiento reflexivo a este tema desde la poesía. El poeta atacameño Vicente Rivera Plaza estrenó en diciembre del año pasado su libro “Relave: material particulado”; donde aborda el tema de los pasivos mineros. 

En esta entrevista conversamos con el autor, quien se crió en una de las zonas del país con los relaves más grandes y numerosos en sectores urbanos. La ciudad de Chañaral, por ejemplo, tiene el tranque de residuos del hemisferio sur con 320 millones de toneladas arrojadas por decenas de años al mar, el cual embancó por completo su bahía. También en Atacama está el puerto de Huasco, donde por años se ha arrojado residuos de mineral de hierro al océano pacífico o la capital regional Copiapó, que en un informe de Sernageomin del 2011 tenía un total de 37 relaves inactivos en esa ciudad del norte del país sudamericano.

En Colaboración con  

¿Cómo explicarías qué es el relave y su panorama en en el norte?

El relave es como un barro que con el tiempo se va secando. Parte con un color gris medio azuloso y verdoso. Cuando se seca genera un polvillo que queda en suspensión. Eso con respecto al ambiente superficial y aéreo, pero también contamina bajo tierra. Los líquidos del relave percolan y contaminan las napas subterráneas, los acuíferos de agua bajo el desierto.

Vicente Rivera Plaza, autor de Relave.

El relave es parte del paisaje de la ciudad de Copiapó, lo podemos encontrar entre los cerros, entre las quebradas y con distintos colores. Va variando según está fresco, si está seco, según qué tipo de mineral predomine. Cambia según la ciudad, en Tierra Amarilla lo tiene casi encima, en Chañaral es gigante. No es algo sólo de Atacama, está en todo Chile, en Coquimbo y Antofagasta también. Hay una gran cantidad de relaves que no tienen ningún sistema de protección, de manejo en sus residuos.

El tranque de relave es un contenedor de la basura. La basura, los residuos. Mi libro habla también del plástico. El relave tiene chatarra, humus, plástico y también palabras. Las palabras son también forman parte de una forma de producción, generan contaminación. Eso busca cuestionar el libro con el lenguaje, la producción de discursos.

Comunas chiquitas como Diego de Almagro generan un montón de dólares en minería, sus patentes son grandes, pero estas comunidades no tienen ni teatro, ni cine, ni nada. El relave es la constatación de que hay un progreso, pero uno que sólo se ve en la producción de riqueza minera y no en la calidad de vida de las personas. En Diego de Almagro se contaminaron las aguas con arsénico, un veneno tradicional de la edad antigua y que venían del relave.

La coloración gris del fondo corresponde a relaves depositados atrás de la Universidad de Atacama.

En Relave se mezclan el lenguaje literario y el lenguaje técnico, ¿Cómo te motivaste a entrar de lleno en el mundo minero para convertirlo en versos?

En este libro aprendí mucho de otras áreas, porque dentro de las exigencias como escritor estaba trabajar con un lenguaje no tan común a la literatura o a la poesía, uno que habitualmente se asocia con los procesos de producción, con la química y ahí uno empieza a interiorizarse desde la misma minería, procesos productivos, hasta temas de ecología y medio ambiente, que para mí es un tema que siempre ha sido relevante, el compromiso ambiental es importante. Mis compromisos políticos y sociales siempre han estado ligados a la defensa del medio ambiente.

Vives la mayor parte del tiempo en Flamenco, ahí en la comuna de Chañaral, ¿Cómo ese territorio cruzado por la minería influyó en tu libro?

Hay un libro clave que es La Muerte Gris de Chañaral y que me es muy valioso por todo lo que dice, lo que habla de la contaminación y lo que significa para su comunidad. Pero también es vital en este libro lo que significa Chañaral para mí, íntimamente. Mi primer libro, y este también, tienen una fuerte inspiración en la caleta de Flamenco. Mi abuelo paterno nació en Chañaral, mi familia materna también viene de la localidad de El Salado, que forma parte también de la comuna.  Están todos ligados a la minería, entonces como que ahí se resuelve eso del hecho de juntar la vida personal, que es como un bálsamo también, porque en lo profundo es meterse en los medios de producción, con la química y en ese sentido es como volver un poco al colegio. Meterse en los sitios web de CODELCO para saber cómo funciona, cosas así de investigar y descubrir. Hay formas de producción que hoy en la actualidad no producen relave, pero antes sí, y ese relave que se produjo no se va. Queda aquí. Hay datos antiguos que son impresionantes: “por cada una camionada de cobre puro, se generan 30 camionadas de relave”, ese dato en la actualidad no es así, pero durante muchísimos años eso fue efectivo. Después vas viendo las afectaciones al suelo, al océano, al aire. Todo eso lo piensas,  desde el territorio.

En una zona minera se escuchan términos propios de la producción que no son de uso común en otros contextos, ¿se conecta el territorio y el lenguaje?

¡Sí! El pasivo medioambiental más grande de Latinoamérica es la playa grande de Chañaral. Ahí empiezan a aparecer este tipo de palabras, como “pasivo”. ¿Qué es el pasivo ambiental?por lo menos yo no lo había visto en la poesía, tampoco la palabra relave o prospección, ¿Qué es una prospección en el lenguaje de la producción minera?

Ahí te vas dando cuenta de que no es solo un trabajo de presentar unidad, sino de preguntarse cuál es la lengua y ver cómo se cruzan, y de alguna manera intento dar a entender que todo proceso de producción, incluso las producciones lingüísticas, tienen formas de contaminación que se cruzan y se modifican. Muchas palabras son desconocidas para las personas que no son de zonas mineras. Por lo mismo el libro tiene muchas referencias a la literatura universal para hacer de esta situación local algo que puedan llegar personas de otros lugares. Trabajé desde el punto de vista visual, el color local.

¿Qué pierde la comunidad cuando se extraen estos minerales?

Vicente Rivera, poeta que vive entre Flamenco, Copiapó y Santiago.

Tendemos a ver la tierra y la piedra como algo muerto, y por eso se ve como algo sin relevancia. Sin ningún ánimo de misticismo, porque no va por mi línea, esa relación con las piedras me llevó a sentir que hay que dejar de mirarlo como entidad muerta. Siento que lo que se pierde es la conexión con la tierra literalmente. Es algo que no está vivo, pero a la vez es lo que permite la vida. La tierra gracias a sus minerales permite que salga la plantita, que haya vida y nosotros no vemos esa relación.

La minería es distinta de la agricultura, aunque también es una forma de extractivismo, pero en un sentido antiguo es una relación de cuidado, distinta de la minería. Agricultura, es como yo te doy, te cuido para que me des algo a cambio. La minería es muy fálica y patriarcal, podría decirse. Aquí vengo yo y meto mi perforadora y dinamito todo, y hay una penetración literal. No hay una relación de cuidado, no hay un diálogo. No solo se pierde con eso, sino que también hay asuntos antropológicos profundos. Lo que significó para la humanidad sacara los minerales y transformarlos para generar herramientas. Es todo un rollo. Este libro Relave intenta una arqueología que deviene antropología, es como una arqueología de la basura. El grado de avance de una sociedad capitalista, ha generado una desconexión dentro de nosotros mismos, y se constata en los residuos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *